El 4-1 no lo cuenta todo: este Madrid gana, golpea… pero todavía no enamora
Ander agosto 26, 2026 0
Foto: Real Madrid
El Real Madrid estrenó el Bernabéu con una goleada por 4-1 ante la Real Sociedad. El marcador es contundente y la capacidad ofensiva del equipo de José Mourinho está fuera de cualquier discusión. Sin embargo, las sensaciones durante buena parte del encuentro fueron bastante menos arrolladoras de lo que refleja el resultado. La Real tuvo personalidad, llegó a manejar más el balón durante la primera mitad y consiguió discutir el partido. Después se fue Oyarzabal, los donostiarras bajaron muchísimo y el Madrid hizo aquello para lo que parece especialmente preparado: destrozar a un rival cuando aparecen los espacios.
Un 4-1 suele conducir inevitablemente hacia palabras como exhibición, superioridad o festival. Pero este Real Madrid-Real Sociedad admite una lectura bastante diferente. El Madrid ganó con claridad, tiene una cantidad de talento ofensivo extraordinaria y acabó pasando por encima de su rival, pero durante muchos minutos no transmitió la sensación de estar dominando el encuentro como terminaría indicando el marcador.
La Real Sociedad salió al Bernabéu dispuesta a jugar. No se encerró alrededor de su área ni planteó un partido basado exclusivamente en sobrevivir. Durante amplias fases de la primera mitad tuvo el balón con comodidad y consiguió que el Madrid tuviera que trabajar mucho más de lo que podría imaginar cualquiera que simplemente observe el resultado final.
La presión sí deja una primera pista del Madrid de Mourinho
Dentro de un funcionamiento colectivo que todavía parece en construcción, sí hubo algo especialmente interesante: la intención del Madrid de presionar arriba. Mourinho quiso un equipo agresivo, dispuesto a adelantar metros y a dificultar desde el origen la salida de la Real.
Hubo momentos en los que funcionó y probablemente sea uno de los aspectos que merezca la pena seguir durante las próximas semanas. Se intuye una intención de recuperar antes y atacar inmediatamente después, algo que con la velocidad y el talento que existe arriba puede resultar devastador.
El problema fue mantenerlo. La Real consiguió superar esa primera presión durante diferentes fases y entonces aparecieron más dificultades. El Madrid todavía parece estar aprendiendo cuándo saltar, cómo hacerlo y especialmente cómo protegerse cuando el rival consigue superar esa primera línea.
La salida de Oyarzabal cambió muchísimo a la Real
Mikel Oyarzabal estaba realizando un trabajo enorme. No solamente por lo que podía aportar cerca del área, sino por todo aquello que permitía hacer a su equipo. Daba una salida, fijaba, ayudaba a que la Real pudiera respirar y conseguía que el Madrid tuviera que continuar mirando hacia atrás.
Su salida cambió mucho el escenario. Sin Oyarzabal, la Real perdió buena parte de aquello que había mostrado anteriormente. Y quizá el problema no fue solamente perder a su capitán, sino la manera en la que el equipo terminó reaccionando.
La Real se hundió demasiado. Estaba perdiendo en el Bernabéu, pero durante muchos minutos había demostrado que podía competir jugando de otra manera. Cuando dejó de amenazar y empezó a defender cada vez más cerca de su portería, entregó al Madrid precisamente el escenario que menos le convenía.
Y ahí este Madrid puede ser letal
Porque una cosa no debería confundirse con la otra. Que el juego del Madrid todavía no termine de convencer no significa que este equipo no pueda ser terrorífico.
Todo lo contrario. Cuando el partido se abrió y la Real perdió el orden, la diferencia individual apareció. El Madrid tiene demasiados futbolistas capaces de decidir una acción como para concederles espacios constantemente.
Ese puede convertirse en uno de los grandes argumentos del equipo de Mourinho. Quizá no necesite dominar durante 90 minutos para destrozarte. Puede pasar fases sin generar demasiado y, de repente, aprovechar diez minutos de desconexión rival para convertir un encuentro competido en una goleada.
Los últimos goles llegaron precisamente cuando la Real estaba ya demasiado hundida y el partido había perdido buena parte del equilibrio que había tenido anteriormente.
El marcador entusiasma más que el juego
Estamos todavía en agosto y ante los primeros pasos de un proyecto nuevo. Sería absurdo exigir ahora mismo un Madrid perfectamente construido. Mourinho necesita tiempo para introducir sus ideas y los propios futbolistas tendrán que acostumbrarse a ellas.
Pero tampoco hay necesidad de dejar que el resultado escriba automáticamente el análisis.
El Madrid ha ganado 4-1. Ha enseñado una presión interesante y ha confirmado que posee una capacidad ofensiva extraordinaria. Todo eso es perfectamente compatible con otra sensación: su fútbol todavía no genera demasiado.
Al menos, por ahora. Hay momentos de juego plano, todavía aparecen problemas cuando el rival consigue superar la presión y durante una parte importante del encuentro la Real demostró que este Madrid puede ser discutido.
Después llegaron los espacios y todo cambió. Ahí está probablemente la gran advertencia para cualquier rival que se encuentre con este equipo. Puedes discutirle el partido durante muchos minutos, puedes tener el balón e incluso conseguir que no se sienta cómodo.
Pero no puedes desconectarte. El 4-1 dice que el Madrid goleó. El partido dejó algo más interesante: todavía no enamora, pero tiene tanta dinamita arriba que unos minutos de debilidad pueden convertir un encuentro igualado en una goleada.
