Dos derrotas, pero una Real todavía por descubrir: compitió en el Bernabéu hasta quedarse sin Oyarzabal

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Foto: Real Sociedad

La clasificación dirá que la Real Sociedad ha comenzado LaLiga con dos derrotas y el 4-1 del Bernabéu puede parecer un golpe importante. Pero el equipo donostiarra continúa siendo difícil de valorar únicamente a través de sus resultados. La plantilla todavía está por terminar, varios futbolistas importantes comenzaron el encuentro desde el banquillo y Mikel Oyarzabal, que hizo un enorme esfuerzo para ser titular, pidió el cambio apenas diez minutos después del descanso. Hasta que su capitán abandonó el terreno de juego, la Real había conseguido algo nada sencillo: competir de tú a tú con el Real Madrid en su propio estadio.

Dos jornadas y ninguna victoria. Sobre el papel, el comienzo de la Real Sociedad no invita precisamente al optimismo. Pero estamos todavía ante un equipo al que parece demasiado pronto para juzgar definitivamente.

El proyecto continúa tomando forma, el mercado todavía no ha terminado y algunos de los futbolistas llamados a tener un peso importante no están preparados para asumir todos los minutos. El Bernabéu fue probablemente la mejor demostración. La Real perdió 4-1, pero durante mucho tiempo el partido estuvo bastante lejos de una goleada.

Una Real sin miedo en el Bernabéu

El equipo donostiarra no salió a Madrid pensando exclusivamente en protegerse. Durante la primera parte quiso el balón, tuvo fases de posesión muy largas y consiguió discutirle el control del encuentro a un Madrid que jugaba por primera vez esta temporada delante de su afición.

Hubo personalidad. La Real consiguió superar en numerosas ocasiones la presión madridista y obligó al equipo de Mourinho a correr hacia atrás. No estaba simplemente resistiendo esperando que pasaran los minutos. Durante diferentes momentos consiguió llevar el encuentro hacia el escenario que quería.

Y todo ello con un equipo que todavía está lejos de presentar su versión definitiva. Había futbolistas importantes esperando desde el banquillo y otros que todavía necesitan acumular ritmo. En ese contexto, competir durante tantos minutos en el Bernabéu debería tener también valor más allá del resultado.

Oyarzabal aguantó hasta que el cuerpo dijo basta

Y dentro de todo apareció nuevamente Mikel Oyarzabal. El capitán hizo un esfuerzo para estar desde el inicio y su importancia volvió a quedar demostrada no solamente cuando estuvo sobre el césped, sino especialmente cuando dejó de estarlo.

Oyarzabal ofrecía una referencia, permitía salir al equipo, fijaba a la defensa y obligaba al Madrid a mantener precauciones incluso cuando atacaba. Pero apenas habían transcurrido diez minutos de la segunda mitad cuando empezó a pedir el cambio.

No podía continuar. Y ahí comenzó otro partido. La salida de Oyarzabal dejó a la Real sin buena parte de aquello que le había permitido competir hasta entonces. El equipo empezó a perder metros, dejó de tener la misma capacidad para amenazar y terminó defendiendo demasiado cerca de su portería.

Ante este Madrid, eso puede resultar mortal.

El 4-1 castiga demasiado lo visto durante muchos minutos

El Madrid encontró espacios y terminó haciendo valer toda la calidad que tiene arriba. Una Real cada vez más hundida fue perdiendo el control y el marcador terminó creciendo hasta un 4-1 que difícilmente permite imaginar cómo había sido buena parte del encuentro.

Eso tampoco significa quitarle mérito al Madrid. Precisamente una de las grandes virtudes que parece tener este equipo es su capacidad para destrozar a un rival en cuanto detecta debilidad.

Pero desde el lado realista queda otra lectura. La Real fue capaz de plantarse en el Bernabéu con un equipo todavía por construir y competir durante muchos minutos contra uno de los grandes candidatos al título. Cuando perdió a Oyarzabal, perdió también buena parte de su capacidad para continuar haciéndolo.

Dos partidos y dos derrotas no son el comienzo que nadie quería en San Sebastián. Tampoco hay que esconderlo. Pero quizá todavía sea demasiado pronto para saber realmente qué Real Sociedad vamos a ver esta temporada.

El 4-1 duele y la clasificación no espera a nadie. Pero antes de que Oyarzabal levantara la mano y pidiera salir, hubo una Real valiente, con personalidad y capaz de mirar al Madrid a los ojos en el Bernabéu. Ahora necesita conseguir que esa versión dure mucho más que 55 minutos.

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